Camino a Harrán, Jacob soñó en Betel con una escalera que llegaba al cielo y oyó la promesa de Dios. En casa de Labán, quien había engañado fue también engañado. Su amor por Raquel, la soledad de Lea, la rivalidad entre los hijos y los conflictos por los rebaños hicieron de Harrán años fecundos y dolorosos.
Cuando Dios le ordenó regresar, Jacob salió en secreto. Labán lo persiguió, pero finalmente se separaron mediante un pacto. Antes de encontrarse con Esaú, Jacob luchó toda la noche y recibió el nombre Israel. Harrán fue la larga escuela donde su carácter fue probado y comenzó su transformación.

