Hechos presenta a Timoteo como un joven discípulo de quien los creyentes de Listra e Iconio hablaban bien. Su familia estaba entre dos culturas: su madre era judía y creyente, y su padre griego. Las cartas de Pablo dicen que conocía las Escrituras desde niño y había recibido el ejemplo de fe de Eunice y Loida.
Timoteo fue más que un ayudante de viaje. Fortaleció a los creyentes perseguidos de Tesalónica, recordó a la difícil Iglesia de Corinto el camino de Pablo y enfrentó la falsa enseñanza en Éfeso. Pablo lo llamó hijo amado y fiel. Su vida muestra cómo un creyente joven puede ser formado con paciencia para llevar responsabilidades exigentes.

