Aquila era un artesano judío nacido en el Ponto; Priscila aparece casi siempre a su lado y a veces es nombrada primero. La expulsión de Roma los llevó a Corinto, donde conocieron a Pablo por su oficio común de hacer tiendas. Trabajo diario, hospitalidad y servicio del Evangelio se convirtieron en una sola forma de vida.
La pareja se trasladó después a Éfeso. Cuando vieron que el conocimiento de Apolos era incompleto, no lo avergonzaron en público, sino que lo recibieron en casa y le enseñaron con paciencia. Pablo los recordó como colaboradores que arriesgaron la vida por él; iglesias se reunían en sus casas en Roma y Éfeso. Su historia muestra que la Iglesia crece también alrededor de mesas, talleres y hogares abiertos.

