Pablo nació en Tarso, importante ciudad de Cilicia, y creció con el nombre de Saulo. Según su propio testimonio, defendía con celo las tradiciones de sus antepasados y perseguía violentamente a la Iglesia. En el camino a Damasco se encontró con Cristo resucitado. El perseguidor se convirtió en servidor del Evangelio que había intentado silenciar.
Después de orar y ayunar, la Iglesia de Antioquía envió a Bernabé y Pablo. Pablo anunció el Evangelio en Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, Troas, Éfeso y Mileto. A pesar de la lapidación, la cárcel, los conflictos y las despedidas dolorosas, volvió para fortalecer a las nuevas comunidades. Sus cartas transmitieron su enseñanza sobre la gracia, la fe, la unidad en Cristo y la vida nueva.

