El punto de partida bíblico está al pie de la cruz. Jesús confía su madre al discípulo amado y pide al discípulo que reciba a María como madre. Juan 19:26–27 no dice dónde vivió María después, pero el acto de acogerla en su propia casa se convirtió en una poderosa escena de confianza para la reflexión cristiana.
La relación con Éfeso nace de la antigua memoria eclesial según la cual Juan pasó allí sus últimos años. Algunas tradiciones sostienen por eso que María lo acompañó. La pequeña casa de piedra cerca de Selçuk, que volvió a atraer atención en el siglo XIX, se hizo lugar de peregrinación católica. Sin embargo, no existe una documentación continua desde el siglo I que identifique el edificio como su hogar.
Éfeso posee otra importancia mariana históricamente firme: el concilio de 431 confirmó el título Theotokos, Madre de Dios, en el debate sobre la identidad de Cristo. En su homilía junto al santuario en 2006, Benedicto XVI unió el concilio y la escena de la cruz. El lugar reúne así historia eclesial documentada y tradición católica venerada sin confundirlas.

