Bernabé aparece por primera vez en la Escritura mediante un acto de generosidad. José, levita nacido en Chipre, vendió un campo y puso el dinero a los pies de los apóstoles. Ellos le dieron un nombre que describía su carácter: Bernabé, hijo de consolación. Cuando los creyentes de Jerusalén todavía dudaban de que Pablo fuera realmente discípulo, Bernabé lo acogió, lo llevó ante los apóstoles y relató lo sucedido en el camino a Damasco.
Cuando la iglesia de Jerusalén supo lo que ocurría en Antioquía, envió allí a Bernabé. Al ver la gracia de Dios, se alegró y animó a todos a permanecer fieles al Señor. Luego fue a Tarso, buscó a Pablo y lo llevó a Antioquía. Enseñaron juntos durante un año, y en esa ciudad los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez.
Durante la oración y el ayuno, la iglesia de Antioquía apartó a Bernabé y Pablo según el llamado del Espíritu Santo. Después de Chipre pasaron por Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe, proclamaron el evangelio y fortalecieron las nuevas comunidades. En Listra rechazaron los sacrificios de la multitud y señalaron al Dios vivo. Más tarde Bernabé dio a Juan Marcos otra oportunidad. Su historia presenta el ánimo como una fuerza espiritual que levanta personas y futuras generaciones.

